Qué es el SDRC
¿Qué es el Síndrome de Dolor Regional Complejo?
El Síndrome de Dolor Regional Complejo (SDRC) es una condición de dolor persistente que suele aparecer después de una lesión, cirugía o traumatismo, incluso cuando esa lesión ya ha sanado.
Lo que lo hace diferente es que el dolor no sigue las reglas habituales.
Puede ser más intenso de lo esperado, durar más tiempo y venir acompañado de cambios físicos visibles como inflamación, alteraciones de temperatura, cambios de color en la piel o sensibilidad extrema al tacto.
No es un dolor “normal prolongado”.
Es un sistema nervioso que ha entrado en un estado de alerta mantenida.
El SDRC puede afectar a una extremidad completa (brazo o pierna) y variar mucho de una persona a otra. No todas las personas lo viven igual.
Qué ocurre en el sistema nervioso
Para entender el SDRC, es importante entender que el dolor no solo depende de la zona lesionada, sino del sistema nervioso.
Después de una lesión, el sistema nervioso se activa para proteger el cuerpo.
En condiciones normales, cuando la lesión mejora, esa alarma se apaga.
En el SDRC, esa alarma no se regula correctamente.
El sistema nervioso central y periférico pueden quedar en un estado de hiperactividad. Esto significa que:
• Los nervios envían señales de dolor con más intensidad.
• El cerebro interpreta estímulos normales como si fueran peligrosos.
• El sistema autónomo puede alterarse (temperatura, sudoración, cambios vasculares).
Es como si el volumen del dolor estuviera demasiado alto.
Esto no significa que el dolor sea imaginario.
Significa que el sistema que procesa el dolor está desregulado.
La buena noticia es que el sistema nervioso es plástico.
Puede aprender.
Puede modularse.
Puede estabilizarse con el enfoque adecuado.
Mitos frecuentes sobre el SDRC
- Mito 1: “Es psicológico”
- Mito 2: “Si no hay lesión visible, no hay problema”
- Mito 3: “Si te mueves, empeorará”
- Mito 4: “No hay nada que hacer”
Comprender el SDRC es el primer paso.
No para resignarse, sino para dejar de luchar contra lo que no entiendes.
Cuando entiendes qué ocurre, puedes empezar a trabajar con tu sistema nervioso, no contra él.